Por Mercedes Campiglia
Confiando en mi palabra cambiaron de , de hospital, de pediatra... Abandonaron todo lo que conocían y se dejaron llevar por los susurros de una desconocida que endulzaba sus oídos con partos de miel al otro lado de una pantalla. No conocían a nadie en el país más que a un par de compatriotas que les aconsejaban elegir la ruta que yo les recomendaba abandonar; pero decidieron dejarse llevar por ese embrujo que les hablaba de la fuerza de la vida resonando en sus entrañas.
Se siente una responsabilidad enorme al instar a una familia a cambiar de ruta en un momento tan delicado como el del nacimiento de un hijo, pero he visto a tantas mujeres quedar atrapadas en lo que consideraban que era un camino y terminó revelándose como una jaula, que elegí insistir, y me alegro de haberlo hecho. "Eres una bruja científica, una mujer sabía, una maga. Me alegro de haberte encontrado, tuvimos el parto con el que soñábamos" me dijo ella cuando nos despedimos y llenó mis ojos de lágrimas.
Tuvieron un nacimiento bellísimo. Los dos en el agua recibieron a su nena en brazos y lloraron. Su médico, con una sonrisa transparente en los labios dijo después del nacimiento: "Nunca sé qué hacer cuando las mujeres me piden, cómo tú, que las ayude en el momento en que su bebé está naciendo". Y me pareció la más bella de las frases porque revela una mirada del nacimiento; no hay nada que hacer, cuando todo marcha, más que dejar el trabajo y el crédito en manos de las mujeres y sus hijos.
La pediatra, por su parte, se limitó a invitar a los padres a deslumbrarse con lo que estaba sucediendo: "¿Ya sentiste el cordón latir? ¿Ya viste el hermoso tono de su piel? ¿Quieres que te muestren tu placenta? Mira cómo se empuja con sus piernitas para alcanzar tu pecho. ¿Viste cómo cuando estás tranquila tu bebé se relaja y cuando algo te duele ella se queja? Siguen conectadas". Es fácil confiar en que junto a este tipo de médicos se recorrerán hermosos caminos; porque están enamorados de lo que hacen.
Llegué del parto corriendo a conectarme a una charla por Zoom con el personal de salud de varios hospitales públicos de Argentina y, aunque mi computadora decidió dejar de funcionar en el peor de los momentos y no logré siquiera abrir la presentación que tenía preparada, mis labios venían de beber miel. Así que opté por susurrar historias de amor al oído de mi audiencia, confiando en que su potente hechizo abra los caminos para que cada vez más mujeres tengan acceso a conmovedores nacimientos como el que yo acababa de presenciar.