IMG_20201211_155416.jpg

Por Mercedes Campiglia

Cuando durante la cena comenté que pronto saldría hacia un parto, mi hijo mayor me dijo: "Qué bueno!!! Parto!!! Ya te había tocado un tiempo de sequía." Y, efectivamente, así me siento está mañana, como quien ha bebido un litro de agua de un trago después de haber experimentado la sed. Cuando hablamos por primera vez ella me examinó con cierta desconfianza; tenía un dudoso concepto de las doulas después de haber visto trabajar a la que acompañó a su hermana 13 años atrás. No es que hubiera hecho algo mal, sino que su energía "cósmica" simplemente hacia corto circuito con la de las mujeres de esta familia, menos dulcificadas y más arraigadas a la materia y la razón que a la alineación de chakras y las visualizaciones. Y, efectivamente, puesto que las doulas trabajamos con la materia prima de nuestra propia humanidad, no hay un acompañamiento estándar que acomode a todas, estamos desde lo que somos por lo que resulta vital que cada mujer elija a su Doula para que la acompañe a parir, cosa que no había ocurrido en su encuentro previo con nuestro diverso y caótico universo en el que conviven alegre y descaradamente las diferencias. Una vez que decidieron que querían mi acompañamiento, accediendo a la recomendación de su médico, prometí no distraerla cuando necesitara concentrarse para trabajar con el dolor y asegurarme de que estuviera cerca en todo momento su marido, pieza clave para que todo fluyera. Llegué a su casa en medio de la noche, las contracciones se atropellaban unas a las otras porque había prostaglandinas circulando por su torrente sanguíneo pero pasamos un par de horas trabajando con el rebozo y esperando las señales de que el proceso maduraba. Después de un baño largo con su esposo durante el cual su hermana y yo tomamos té con miel, decidió que quería ir al hospital. Una vez la revisaron al llegar, buenas noticias, estaba avanzada. Una vez más lo hicieron cuando empezó a pujar un par de horas más tarde, buenas noticias también, su dilatación estaba completa. Y eso fue todo... Nadie hizo ninguna otra cosa, del resto se encargó ella negociando con su hija y con su cuerpo. Era evidente que todo marchaba perfectamente, no hacía falta más que verla y oirla para saber que habia progreso. Sus dos médicos, Jose Larios y Alan Arvizu, se instalaron discretamente en el baño para escuchar sin interferir. No hubo indicaciones ni exploraciones de ningún tipo. Solo ella sujetada de un lazo que prendía del techo y su marido acariciándola y diciéndole justo lo que necesitaba escuchar. La miel del amor, incapaz de empalagar a nadie, fue el único edulcorante. Cuando dijo "está saliendo" los médicos se acercaron a poner sus manos para recibir la cabecita que ya estaba fuera y el cuerpo que habría de nacer con el siguiente pujo. La bebé estuvo un largo rato en el agua con sus padres. Poco a poco abrió sus ojos y la mano buscó uno de los dedos de su madre para prenderse firmemente a él. Un hermosísimo nacimiento que deja las células de mi cuerpo rehidratadas de oxitocina fresca. Los nacimientos humanizada han funcionado para mí como un auténtico bálsamo en estos tiempos de pandemia. Gracias en verdad a todos aquellos que los hacen posibles!!!