Hace un par de meses recibí una llamada de una mujer pidiendo informes para prepararse al nacimiento de su segundo bebé, con la ilusión de vivir un parto vaginal respetado, sin intervenciones, informados, tomando decisiones basadas en evidencia y que nos los chamaquien….
Además, las circunstancias de la vida, compartimos momentos difíciles de salud que nos ponen en una situación tan vulnerable que de inmediato sentimos esa conexión especial en una llamada telefónica. No sé, fue una charla desde el corazón compartiendo nuestros miedos, sueños, incertidumbres……
Transcurrieron los meses de su embarazo, tuvimos la oportunidad de conocernos en el curso de preparación al parto. Con la certidumbre de que se les abrió un panorama muy distinto para intentar un trabajo de parto respetado y convencidos de recibir a su bebé de una manera mas amorosa y respetada. Y si, se vale cambiar de médico casi en el último momento, volver a replantearse, dudar y reconciliarse con las decisiones tomadas con responsabilidad.
En esta trayectoria de acompañar a parejas, no cabe la menor duda de que los momentos se acomodan y están quienes deben estar.
Cuál va siendo la sorpresa que ante una ruptura espontánea de membranas, su gineco y pediatra estaban fuera de la ciudad de México por lo que de inmediato son canalizados con otro equipo médico y les dan la opción de elegir quedarse en casa en el transcurso de la noche y esperar a que inicie el trabajo de parto.
Con casi 10 horas de haberse roto la fuente y sin contracciones establecidas se mueven al hospital. Es ahí en donde se intercalan estas primeras miradas . Sin prisas y presiones se da la propuesta de dar un empujón con oxitocina, cuidando siempre la dosis respuesta ya que su primera bebita había nacido por cesárea hacia unos años atrás.
La mujer que intuye, que defiende su cuerpo y a su bebé, reclama y pide con esa seguridad…. “déjenme levantarme y porfavor quítenme el monitor un rato. Si sigo acostada no tendré progreso”, además cabe mencionar que esta gorda estaba cómodamente acomodada como de ladito, tenía perdida la brújula de enfilarse hacia la salida correcta, ese primer anillo de la pelvis en donde el bebé debe encajarse e iniciar su recorrido.
Suficiente alzar la voz para empezar a buscar movimientos libres, balanceos, asimetrías, cuclillas….. dejarse llevar por las sensaciones de su cuerpo tratando de abrir espacio, en silencio y sin miradas que intimidan.
Pasó así un tiempo para evaluar si había algún progreso y esperando que la bebita se acomodara para empezar a transitar por la pelvis. Desafortunadamente sin ningún cambio y confiando en la experiencia del médico se decide la vía de la cesárea, pidiendo rescatar momentos importantes, “queremos ver nacer a nuestra bebé, te pedimos bajen el campo y contacto piel con piel”.
Fué así como llegó Isabel a este mundo , abrazada de inmediato por su madre y esas caricias tan delicadas de papá.
Me siento tan agredecida de haberlos acompañado, de su confianza depositada y ser testigo de tu fortaleza.
Patricia