Paso a pasito — Experiencia MX

Por Mercedes Campiglia

Llegué a su casa... me gusta trabajar así. La casa de las personas es su territorio, el lugar en el que se sienten protegidas y seguras. Justo unas horas antes de que el parto arrancara se habían retirado los trabajadores que concluían los últimos detalles de un proyecto de remodelación que había tenido al sitio llena de polvo, ruido y visitantes durante meses. No cabe duda de que los bebés eligen, de manera sabia, el momento para hacer su entrada triunfal en el mundo.

Estuvimos un largo rato habitando el parto en este espacio que el papá del niño aprovechaba para desempolvar mientras esperábamos a que las contracciones llegaran a ser realmente intensas. Comimos arándanos, uvas y nueces, bebimos un delicioso jugo de frutos rojos, y fuimos viendo la luz palidecer en el jardín, a medida que la llama de la oxitocina ardía con más y más fuerza.

Cuando decidimos desplazarnos hacia el hospital ya no había cubetada de agua fría capaz de apagar el incendio de ese nacimiento; ni los baches del camino, ni el tráfico lograron interferir en el ritmo constante que las contracciones habían instalado en su cuerpo.

Paso a pasito fue avanzando en un camino pausado. Fueron 12 horas las que pasamos apretando su cadera, sujetando los rebozos que le servían de anclaje, bañando su espalda de agua caliente, masajeando su sacro y sirviendo de apoyo a sus piernas... "¿Estás muy cansado?" le preguntó amorosamente ella a su marido después del maratón... "No", respondió él; y estoy segura de que mentía. Yo llegué destruida a casa a dormir las dos horas que la vida me regalaría como descanso antes de abordar el siguiente nacimiento.

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