Como doula, acompañar a una mujer en su trabajo de parto es un camino desconocido y desafiante en tiempos, herramientas, desenlace y aún más cuando no conoces al médico tratante, su equipo y el hospital que han elegido los futuros papás.
Los papás en su embarazo, decidieron hacer cambio de médico y hospital, depositando su confianza y el corazón en busca de recibir un trato respetuoso y con prácticas basadas en evidencia científica.
El día de antier nos embarcamos todos en este gran viaje: La capitana nos reunió y nos supo dirigir a todos con el ritmo de sus contracciones, que se acompañaban con la fuerza de su voz, sus movimientos y sensaciones nuevas. Con observarla, escucharla nos sumergía en este oleaje cada vez más picado y furioso. Con esas pausas como suspiros que le permitían descansar, fortalecerse, reencontrarse y no perder su objetivo: el nacimiento de su bebé con un plan deseado.
Su pareja, como primer oficial, atento a lo que ella necesitaba y con esa mirada y sonrisa que delataba su amor por ella y su bebé, su preocupación y ocupación que lo llevaba a ocuparse de ella y a estar con ella.
En una embarcación, el segundo oficial se encarga de realizar la ruta según los criterios señalados por el capitán y es aquí en donde entra el trabajo y acompañamiento del médico y su equipo según mi mirada.
Debo reconocer y aplaudir que a pesar de ir contra corriente y en busca de generar un cambio entre sus colegas, reinó en la doctora y su equipo la paciencia, prudencia y permitieron que fuera su capitana quién marcara el ritmo y los tiempos de actuar. Sin importar las posiciones incómodas atentos a lo que la capitana indicaba con esas pocas palabras, gemidos y movimientos que caracteriza a una mujer pariendo impregnada por las hormonas que la acompañan, protegen y ayudan al trabajo de parto.
Apoyada con apretones en la pelvis , tragos de agua, esencias, la regadera, distintas posiciones, jugosas uvas y dátiles fueron algunas de las herramientas que le ayudaban a transitar este viaje.
El tiempo transcurría y todos los que estábamos abordo esperábamos con paciencia. Los gemidos se fueron incrementando en tono, fuerza y tiempo. Empezamos a escuchar ese sonido que indica que el bebé esta anunciando su llegada, entre gruñido, pujidos fue la capitana la que nos mostró que posición y en donde se sentía un poco mejor. Un par de sugerencias…….., fue la silla de parto y el rebozo los que se convirtieron pieza clave, acompañado de sorbos de agua y esa mirada cálida de su pareja.
Su pareja frente a ella que la cuidaba y apretaba sus rodillas y los médicos a un lado atentos a todo lo que ocurría.
Así fue como se fue asomando su bebé, respetando sus tiempos sin que nadie dirigiera. Sentados todos en el piso esperando.
Una gran sorpresa para los papás conocer el sexo de su bebé, un NIÑO hermoso de 3,600 gr y 51 cm llenó el cuarto de felicidad y alegría. Bienvenido chiquito a este mundo, te comparto que tu mamá es una gran capitana, tu papá un oficial muy amoroso y los segundos oficiales muy respetuosos.
Regresé a casa casi a media noche, viajando por una carretera poco transitada que me permitió reflexionar y agradecer . Gracias Erika y Erwin por su confianza y por compartir con ustedes unos de los días más importantes en sus vidas. A la Dra. Leticia, su equipo y Jesús por poner su granito de arena buscando cambios en beneficio de la mujer, su bebé y la familia que esta naciendo. Que sean ejemplo y enseñanza de muchos nacimientos respetados, un gran equipo.
Patricia Ochoa