Dejarse sorprender

Por Mercedes Campiglia

Una llamada a las 4:30 am me hizo saber que las contracciones parecían empezar a encontrar un ritmo. Pero, como suele suceder, se desordenaron nuevamente ni bien rompió el alba. Yo pensé que no sería sino hasta que el sol se escondiera nuevamente que volvería a tener noticias suyas.

Pero el sol no había llegado ni a la mitad de su viaje por la cúpula celeste cuando recibí una avalancha de mensajes de la doctora:

[21/10 12:12]: Meche

[21/10 12:12]: Ya la revisé

[21/10 12:12]: Tiene 4 cm

[21/10 12:13]: Bb chueco casi posterior (así se acomodó el hermano)

[21/10 12:13]: Doble circular de cordón

[21/10 12:13]: Contracciones buenas

[21/10 12:13]: Están aquí en el consul

Me pedía que fuera al consultorio para intentar que el muchacho cambiará de parecer y se acomodara de mejor manera. El plan era dar cuatro horas de margen y, si no lográbamos resolver el tema, definir la cosa mediante una una cesárea.

No me había tocado acompañarlos en aquella ocasión pero sabía que en el nacimiento de su primer hijo, después de cinco horas de pujó, habían terminado en una cesárea. La conclusión era que algún tema con su útero hacia que los bebés se colocarán mal.

No querían pasar otra vez por la misma experiencia, así que habían decidido que, de presentarse el caso de que la cosa se estancara nuevamente, optarían por una cesárea antes de llegar al punto de agotamiento que habían experimentado en su experiencia previa.

Agarré mis chivas e hice acopio de todo lo aprendido en estos años. Durante una hora tuvimos una auténtica sesión de acrobacias en un fantástico espacio del consultorio de este equipo que está acondicionado con pelotas y recursos diversos para trabajar.

Vinieron a cuento las maniobras, rebozos y pomadas de las parteras tradicionales, los recursos aprendidos en formaciones con mujeres de otras latitudes sobre apertura pélvica y cambio de posiciones de bebés desorientados; hasta los trucos de los que alguna vez había escuchado hablar fueron puestos en marcha.

Yo no puedo saber si algo de lo que intentamos terminó funcionando o si ese bebé y esa mamá hubieran encontrado su camino de cualquier forma y tuvieron que hacerlo, a pesar de las piruetas. Pero la cosa es que llegaron muy pronto unas intensas ganas de pujar y, cuando su médica revisó, el bebé estaba cerca de nacer.

Subimos ella, el marido, la médica y yo a mi auto para recorrer, a toda prisa, las tres cuadras que nos separaban del hospital. La doctora iba con los guantes puestos por si el niño decidía nacer en el asiento trasero de mi coche, que finalmente solo se llevó una salpicada de líquido amniótico cuando se rompió la fuente.

El bebé esperó a que su madre se acomodara en un banco de parto para pujarlo y a que la pediatra corriera las mismas tres cuadras para llegar a recibirle. Hermosas historias que nos confirman que los partos son impredecibles y fantásticos.

Yo diría que quizá estos papás estaban más preparados para una nueva cesárea que para el parto completamente espontáneo y libre que su bebé eligió como forma de nacer.

Historia de titanes

Por Mercedes Campiglia

Fueron dos noches. Una en la casa de ellos, en penumbras, entre sueños, masajes en la espalda, movimientos con el rebozo y el tum-tum del corazón del bebé que llenaba la habitación, de tanto en tanto, confirmándonos que todo marchaba bien adentro. La segunda en el hospital... pensamos que el nacimiento ocurriría rápidamente, todo apuntaba a ello. Pero las horas pasaban y yo iba cancelando, uno a uno, los compromisos del día siguiente. Nunca antes había recargado tantas veces el parquímetro de mi auto; no podía imaginar que pasarían 15 horas hasta que finalmente saliera la cabeza más grande que he visto en los 13 años que llevo acompañando partos, de la mujer más menuda con la que me ha tocado trabajar.

Un bebé enorme, de 4 kg, fue colocado en el pecho de su madre. Ocupaba el cuerpo entero de esta pequeña mujer a la que se le podían ver las costillas y las vértebras através de una delgada y morena piel. Su magro cuerpo había encontrado el modo de acoger primero, tras una modesta panza que impedía imaginar las dimensiones de lo que llevaba dentro, y dar paso después a este bebé de titanes.

Con una determinación impresionante ella hizo frente a la ardua labor que la vida le encomendó y salió avante sin llevarse un rasguño siquiera. La clave... toneladas de paciencia y de confianza, acompañadas de carretadas de amor.

Cuando llegamos al punto en el que todos sentimos que íbamos a desfallecer y ella pidió una anestesia porque estaba convencida de que no podría seguir adelante, su marido se quitó los pantalones y en calzoncillos saltó a la tina en la que ella estaba para abrazarla y decirle: "claro que podés negrita, sos un titán". Su médico le explicó que quizá el bloqueo no fuera su mejor alternativa porque hacía falta aun que el bebé se acomodara y pujarlo luego, para lo que convenía que pudiera moverse y cambiar de posiciones. La miró amorosamente a los ojos y le aseguró: "puedes hacerlo, confía en tu cuerpo'. Ella reflexionó "me falta confianza " dijo en voz audible, y eligió confiar.

En ese preciso instante acabaron las negociaciones y los forcejeos... se abandonó al ritmo somnoliento de los partos cuando se acercan al final, dejándose caer en el adormecimiento de las pausas y experimentando la intensidad de las contracciones, sin oponer ninguna clase de resistencia. Su compañero se acurrucó junto a ella y se acopló al vaivén del viaje.

Cinco horas de pujó hicieron falta para que el bebé naciera una vez que hubo terminado de rotar, una cantidad incontable de contracciones transcurrieron con la cabeza medio adentro y medio afuera. Nadie empujó, nadie cortó, nadie distendió los labios de esa vagina con los dedos, nadie puso hormonas para incrementar el ritmo de unas contracciones a las que se les había dado por espaciarse creando larguísimas pausas, nadie forzó ninguna posición, nadie dió instrucciones de pujó a los gritos.

El cuerpo de ella negoció pausadamente hasta abrir paso al niño. Y fue así que, tras un proceso que duró el tiempo que los involucrados requirieron, el bebé titán, perfectamente saludable, fue colocado en los brazos de su madre, que no tenía un solo desgarro en el periné, porque éste había sido tratado con la gentileza necesaria.

La placenta siguió al niño y el parto concluyó relajadamente con un papá que lloraba conmovido, un bebé que descubría el pecho y una mujer que se había revelado como la titana que en realidad era. Durante las horas que comprendió su proceso de metamorfosis, abrió la cremallera de su funda de fragilidad y se mostró ante nuestros ojos, poderosa e inmensa. ¿Cómo habría podido parir un niño pequeño desde semejante grandeza?

Una balsa en la tormenta

Por Mercedes Campiglia

“No quiero ver a la bebé" dijo ella cuando estaba ya montada en la camilla que la conduciría hasta el quirófano... "me ha hecho sufrir demasiado". Una frase punzante que congeló el aire haciéndolo irrespirable por un momento.

Una larga y empinada senda nos había conducido hasta ese paraje... 42 semanas completitas de espera, un mes de incertidumbre, un revoltijo de ansiedades propias y ajenas, tres días sin dormir, 18 horas de intenso trabajo de parto en el hospital, una cantidad incontable de contracciones, todas las posiciones y maniobras imaginables, nueve horas de goteo de oxitocina, tres dosis de analgesia, muchas muchísimas lágrimas.

Ella le reclamaba al mundo a gritos con una furia desconsolada; había hecho todo bien y nada salía como esperaba. Él simplemente tomó su cara entre las manos y la llenó de besos hasta que una bebita gorda y hermosa fue colocada en su pecho. Cuando estamos rotos, cuando nos caemos en pedazos, el abrazo tierno del amor es lo que nos sostiene. Los ojos enamorados tienen miradas penetrantes que les permiten ver la belleza aunque se vista de tempestad.

Debo decir que, aun cuando el camino fue agotador y desafiante, las escenas que vienen a mi mente esta mañana son todas bellas; los paisajes del amor: ellos dos trepados en la cama del hospital recordando la primer vivienda en la que fueron felices con solo un colchón individual y un clóset para tres camisas, él ofreciéndole bebida y alimento un millón de veces, acariciando su cabello, consolándola cuando se desesperaba y llorando silenciosamente acurrucado en su espalda cuando el camino se tornó tortuoso.

No se separó ni un instante ella; no se refugió en el celular, no pidió un receso. No quiso ir a dormir ni siquiera mientras ella descansaba cuando llegó el alivio de la anestesia; sentado en una silla dormitaba apoyando la cabeza en la cama para no separársele ni por un momento.

A veces necesitamos recorrer largas travesías para encontrar tesoros y en esta historia el amor fue sin duda la joya que asomó ente el fango, revelando su hermosura. Un remanso en la tormenta de este nacimiento permitió que los que se amaban pudieran encontrarse porque nadie interfirió con sus tiempos, porque se permitió que la intimidad tuviera centralidad en la escena. Ese remanso es el que construye la atención humanizada y por eso siempre me contaré en las filas de quienes la defienden.

Cuando son respetados los principios de la medicina basada en evidencia, cuando el nacimiento ocurre en espacios cálidos y privados, cuando se escuchan las preferencias y necesidades de aquellos a los que se atiende, cuando se tiene paciencia, sensibilidad, empatía... la dificultad, si toca, no es culpa de nadie; es la tormenta por la que navegamos juntos como náufragos que comparten una misma balsa.

Traer niños al mundo no es cosa sencilla, se trata de una tarea complicada que requiere el máximo esfuerzo y comprende un revoltijo de emociones. Así que conviene empezar por destronar a los jueces internos y externos y abrazarse fuertemente a los afectos, que serán los que nos mantengan a flote. Y es importante también rodearse de las personas indicadas... un médico que se ofreció a valorar la evolución del proceso yendo a casa de la mujer un par de veces durante el trabajo de parto, una neonatóloga que se aseguró de que mamá, papá y bebé se reconocieran y se enamoraran sin que nada ni nadie pudiera interferir con ello.

Todos los partos están llenos de enseñanzas; algunos son cursos cortos y otros, como éste, parecen auténticos doctorados, que requieren de nosotros sudor y lágrimas, pero que nos dejan con título, cédula y nuevo grado.

Navegar sin brújula

Por Mercedes Campiglia

Fueron muchas, muchísimas horas... Varios días me acosté esperando despertar con una llamada que me avisara que este nacimiento había finalmente terminado de arrancar. Pero una mañana tras otra me levantó el rasqueteo de mi perra en la puerta anunciando que había llegado el momento de su paseo.

Todo en esta ocasión escapó a mis predicciones... ella tenía cuatro centímetros de dilatación cuando yo le aconsejé que fuéramos al hospital intuyendo que rondaría los ocho. Unas horas más tarde me asomaba discretamente con un espejo entre sus piernas pensando que vería aparecer en cualquier momento una cabecita llena de pelo cuando su cérvix apenas tenía poco más de la mitad del camino recorrido.

Todas mis herramientas de navegación fallaron; aparentemente transitamos la ruta del Triángulo de las Bermudas. Cantos de sirena hicieron que de pronto todo dejara de ser lo que aparentaba... Cuando algo parecía evidente, un velo se descorría revelando la realidad como una suerte de matryoshka en la que avanzábamos de un cascarón hasta el siguiente sin encontrar la pulpa.

Caminamos muchas horas en la incertidumbre, trazando rutas sobre arena seca que el soplar del viento borraba. Lo que parecía ser un lago de agua fresca se revelaba como espejismo y nos sumía en una trampa de arena, la vez que los amenazantes tigres que acechaban el sendero escondían sus fauces y se acercaban a lamernos la mano.

Debo decir que me alegró descubrir que todos los involucrados, sorprendentemente, acordamos en pacto secreto y silencioso, soltar amarras y renunciar a cualquier intento de control. Nos dispusimos dócilmente a acoplarnos a los giros inesperados que el camino sinuoso revelaba al recorrerle. Realizamos así un fantástico y misterioso viaje que nos llevó a despedazar montones de expectativas hasta llegar al estallido del último de los espejos, tras el cual un bebé perfecto y saludable llegó a los brazos de sus padres.

El problema no es la realidad; la realidad es.. no hay fallo posible en ella. El problema son las expectativas que nos hacemos de ella... son esas las desajustadas. Pensamos que entendemos, que conocemos las reglas del juego, y de pronto descubrimos que no tenemos idea siquiera de cuál es el tablero sobre el que lanzamos los dados. Este parto fue, y nosotros lo acompañamos. Lo descubrimos sobre la marcha y nos fuimos descubriendo en él, encontrando cada cual su papel en la escena.

Lo demás son detalles que no merece la pena contar, idas y vueltas... un tapete de yoga doblado en el suelo, un par de camionetas, una habitación con dos baños, una junta que no tuvo que ser pospuesta y otras dos que se agendaron, un corazón que latía demasiado rápido, la esquina de un sillón, un sándwich de pavo, un hospital con millones de pasillos, un agua mineral helada, una sala de labor minúscula, un líquido amniótico demasiado verde... y un quirófano al que ya no pude entrar.

"Masculino. 8-9 de Apgar. Pendiente el peso"

Timbró mi celular a la 1:37 am cuando, después de darme una ducha tras las 13 horas de trabajo, comía algo acurrucada en la cama de mi hijo mayor mientras veíamos atletas compitiendo por medallas al otro lado del mundo. Finalmente llegamos a buen puerto pensé, y el cansancio se asentó en mi cuerpo hundiéndome en las aguas de un sueño profundo y reparador.

LA MAGIA DEL REBOZO

La espera ha sido larga, con un gran optimismo, deseos de vivir el recorrido de un trabajo de parto y confianza…. 41 semanas de embarazo y un equipo médico sin prisas.

Ya con fecha y hora para un empujón, éste bebé decide casi al alba dar sus primeras señales de estar listo y poner a trabajar la cuna donde ha pasado muchos meses, la matriz que lo ha acurrucado. Como buen inicio de parto transcurrieron las horas sin dar signos y síntomas de que ésta tripulación estuviera lista para zarpar, un buen calentamiento……. Se requiere de mucha paciencia, confianza y buena comunicación. Así se fue la mañana y parte de la tarde, trabajando en casa esperando.

La doctora les pide que se acerquen al hospital para ver cómo andaba todo, se decide dar ese empujón con medicamento y requiere que la apoye con posiciones y movimientos. NO OLVIDES TU REBOZO…….

Una buena comunicación con la doctora, Mariana Robles, donde te hacen partícipe de como va ese bebé y abierta para poner en marcha mi experiencia y sabiduría.

Y sí, la magia del rebozo junto con toda la disponibilidad de esta mujer entregada y confiada, con su marido que observaba y esta ávido por participar y apoyar, aprendiendo cada movimiento.

Aplicar lo que he aprendido en estos 10 años, nos turnábamos probando posiciones y movimientos distintos con el rebozo, agotador y sofocante el cubrebocas, pero esto no impidió que por casi dos horas molestaremos a su bebé y moviéramos esa pelvis para abrirle espacio , se encajara y tuviera que hacer lo que los bebés saben hacer……… transitar y transformar la pelvis, su pasadizo.

Su respiración fue la que nos dió una gran señal, que sorpresa, se escuchaba ese inicio de estar enfilados en la recta final, un ligero pujido que iba incrementando, un acto muy instintivo, a casi dos horas de iniciar este vaivén, con un trabajo de la matriz fuerte y rítmico, de iniciar con 1 cm se abrió paso a los 9 sin ningún titubeo y con prisa

Acompañada de un equipo femenino , médicos y enfermeras, el aire que se respiraba es distinto, es como si todas las que estábamos presentes reviviéramos nuestros viajes hacia la maternidad, haciéndonos cómplices con las miradas, las respiraciones.

La presencia del padre pendiente, amoroso, ansioso y sorprendido de los cambios, se asomaba para ver las primeras señales de su bebé ya casi en la puerta.

Con una mujer entregada a todas las sensaciones, sumergida en el agua y con el apoyo de un fular, buscando la posición que a ella le acomodaba, con esos viajes al planeta parto en donde solo se escuchaba su respiración y observábamos su mirada perdida.

El espejo que nos permitía ver los cambios en los genitales y esos cabellitos de la cabeza de un ser chiquitito que se iba asomando avisando su próxima llegada en esas aguas que relajan y alivian. Avisándonos que lo que esperaba era ser abrazado por su madre, encontrar su mirada y permanecer en contacto con su piel, cerca de sus pechos. La voz y caricias de su padre……

9 de la noche nació Xuanin, fue colocado de inmediato en el pecho de su mamá, se escucharon palabras amorosas, el canto de mamá y papá dandole la bienvenida a su chiquito. Su pediatra, la Dra.Penélope cuidando este momento crítico de separación cero y amorosamente respetando este momento sagrado.

Gracias por ser parte de este gran viaje, por su confianza y ser testigo de la perfección de la naturaleza, del inicio de una paternidad bellísima.

Patricia

Al otro lado de la piel

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Por Mercedes Campiglia

Fueron muchas horas las que transcurrieron desde que la inducción inició hasta que recibió a su bebé al otro lado de una piel que tuvo que ser cortada para abrirle camino.

Temblando, puso su vientre en manos de los cirujanos para que penetraran cada capa de tejido hasta hallar, en el fondo oscuro de su ser, a esta vida que no encontraba otra puerta.

Una fina lluvia de diminutos besos y caricias amansaron su aterrada piel, que se dejó mecer por ellos, como mece el viento a los trigales. Y, una vez que hubo cesado el estremecimiento, un susurro apenas audible empezó a escapar entre sus labios: "gracias, gracias, gracias", repetido para sí misma cientos de veces.

Solo ella sabe lo que agradecía o a quién. Pero a mí me dió la impresión de que el eco de su voz operaba como una suerte de mantra sanador; un bálsamo que colocaba sobre sus heridas. Recibió a su niño entre lágrimas, las suyas y las de su compañero, que tras acompañar la agotadora jornada, ahora miraba la escena conmovido.

El mundo se condensó por un instante en ellos tres, reconociéndose, enamorándose, haciéndose promesas audibles y secretas sin que nadie los interrumpiera. Un niño que se aferró al vientre de su madre, unos padres que eligieron interpretar el gesto como una alianza con la vida en tiempos de dolor y muerte.

Recorridos únicos, puertas cerrándose al tiempo que otras se abren. La vida, en suma, palpitante, compleja, impredecible y fantástica. La vida en nuestra piel, piel a piel.

Bastó encontrarte en el camino

Por Ana Karina Pérez Zamora y Rodrigo Armada Ramírez

Freno de mano, las circunstancias de un embarazo

El freno de mano al mundo que significó la pandemia por COVID 19 en el año 2020 nos llevó a acercarnos, a pasar más tiempo juntos y darnos cuenta del amor que nos tenemos, habíamos perdido un bebé en el año 2012 y desde entonces no habíamos tenido oportunidad de compartir juntos, como pareja, un tiempo de calidad, profundo, los espacios en casa, la comida, los gustos por el cine y la música. Indudablemente ese acercamiento motivó que hiciéramos a León Kinich en mayo del 2020, sin planearlo mucho, pero si deseándolo con todo el corazón, no todo es malo en esta pandemia.

La pandemia nos mostró muchas desigualdades y lo privilegiados que somos, en el anterior embarazo casi sin saber, sin pensarlo y sin preguntárnoslo mucho decidimos que lo atenderíamos en el servicio público de salud, el ISSSTE del que ambos somos beneficiarios. Sin duda, la pandemia nos llevó a reflexionar sobre la salud y la enfermedad, sobre el nacimiento y la muerte. 

Entre otras cosas estábamos encerrados, alimentándonos como hacía mucho que no, por ejemplo, cambiamos la compra de viandas del supermercado por hacerlo directamente de los productores, mediante mercados alternativos y agroecológicos, consumimos vegetales que no sabíamos que existían en la agricultura periurbana de la Ciudad de México. Guisamos y lavamos platos como nunca, como casi todos en pandemia y si, nos pegó, pero agradecimos mucho tener un lugar en donde hacerlo y que nos trajeran el alimento a casa.

A pesar de todo el cuidado y del encierro, en una salida a consulta en nuestra semana 20 de embarazo, en octubre de 2020, nos contagiamos de COVID y aunque los síntomas fueron leves, más para Rodrigo que para Karina, el psicovid fue de lo más denso de la enfermedad, la buena alimentación, el ejercicio y tener un lugar plácido donde recuperarnos nos hizo más fuertes. Por fortuna, no requerimos medicamentos, ni cuidados mayores, la hidratación y la buena alimentación fueron nuestros grandes aliados. Pasamos nuestra cuarentena rodeados de amor y cariño por parte de amigos y familia quienes estuvieron diariamente pendientes de nosotros. 

Aprendizaje. La elección de un parto en casa y la preparación

Cuando cumplimos tres meses de embarazo decidimos contarles a nuestra familia y amigos más cercanos, enseguida pensé en Mercedes, una amiga de la adolescencia que acompaña partos humanizados desde hace años, y que los narra vívidamente, es probable que esas narraciones hayan nutrido nuestra curiosidad acerca de un parto sano no medicalizado. Nos inscribimos de inmediato al curso que ella, junto con otras doulas, imparten en Experiencia. 

En una casa de partería bien cerca de casa encontramos a las que serían nuestras parteras, Kay que conocimos en la plática informativa sobre la atención del parto en casa; Renata, la médico partera que vimos en nuestra primer consulta; y Regina, que estudió la carrera de Desarrollo y Gestión Interculturales en la UNAM, lo que nos inspiró mucha confianza hacia el lugar que estábamos visitando. 

Además de llevar nuestras consultas prenatales con las parteras, habíamos acudido con un ginecólogo muy cerca de casa, una búsqueda en internet nos llevó a él, fuimos ahí como a tres consultas, a las cuales no pudimos entrar juntos, por lo que no nos sentimos tan a gusto. En una de las consultas, al preguntarle su opinión sobre el parto humanizado y el acompañamiento de parteras o doulas, él respondió que podían estar, “no estorban”, que si yo quería podía tener un parto humanizado, pero que todas las decisiones las tomaba él y no ellas ni yo, por lo que de inmediato decidimos ya no ir más con él. Hasta ese momento un ultrasonido estructural a los tres meses, indicaba que todo estaba bien. 

Por suerte y por recomendación de nuestras parteras y del grupo de Mercedes, encontramos a una ginecóloga pro parto en casa, Itzel, que dio seguimiento al desarrollo del bebé y verificó que el embarazo fuera sano y libre de riesgo. 

Entre las reflexiones que venían a partir de los diferentes cursos y lecturas que estábamos haciendo, surgió la del nacer y morir en casa como procesos naturales de la vida, ¿en qué momento fue que los moribundos y las parturientas fueron sacados del mejor lugar para vivir estos procesos para ser hospitalizados? Pensamos en una de nuestras abuelas, de 90 años, que enferma, ya no caminaba, había comenzado con estertores de muerte. La tía Rosa, que vivía con ella, nos llamó alarmada en la madrugada; esa semana la estuvimos cuidando en el hospital, una clínica que estaba saturada, en la que tardó un par de noches en conseguir cama. Sus delirios se dieron en una cama ajena, sin que sus nietos pudiésemos estar reunidos, pasando hambre, frío y sueño. Quizá ese proceso pudo haber sido más amable si lo hubiese vivido en casa, vivir la muerte. 

En una de nuestras sesiones del curso de preparación al parto aprendimos que solo el 2% de las mujeres que van a dar a luz están en posibilidad de elegir cómo hacerlo, ¡estábamos dentro de ese porcentaje privilegiado!! Así que elegimos que fuese de manera humanizada y, de ser posible, en nuestra casa, lejos de un hospital, alejados de la pandemia, cercanos a nuestro nido, a nuestro centro, a nuestro espacio. 

La preparación al parto consistió en tres cursos, dos sincrónicos y uno diacrónico, todos de manera remota; aprendimos la diferencia entre parteras y doulas, que un parto humanizado también puede ser en un hospital, que es necesario informarse, leer y aprender; y sobre todo pudimos compartir experiencias con otras parejas que esperaban a sus niños. 

Además de eso Kari tomó un par de cursos de yoga prenatal y, con la ayuda de su hermana, también se chutó un libro psicoterapéutico sobre el parto; Lore le mandaba audios para que ella no tuviera que leer otro libro más. 

Contarle a la familia sobre la decisión de elegir un parto en casa no fue fácil, hubo algunas reacciones negativas, muchos cuestionamientos, muchos malos consejos y miedos; claro, no es fácil aceptarlo cuando toda la vida te han hecho creer que un parto debe estar medicalizado. Sin embargo, nosotros siempre estuvimos muy seguros y confiados en que podíamos hacerlo siempre y cuando el embarazo fuera totalmente sano. 

Cambios 

A un par de semanas del parto Dani, una cuñada, en pocas palabras, nos recomendó algo así como: recuerden, menos adrenalina y más oxitocina. Estábamos cada día más cercanos al momento.

Nos aconsejaba cómo despedirnos de la pancita, cómo respirar durante las contracciones, cómo hacernos espacio para vivir esas últimas semanas antes de la llegada de Kinich, lo cual sin duda nos llevó a tomar la decisión de prestar más atención, pues seguíamos trabajando desde casa, además de estar en el rush de una remodelación, que veníamos preparando hace tiempo, pero que se prolongó más de lo esperado. Por suerte el cuarto de León fue el primero en estar listo, la cocina y la zotehuela aún estaban en reparación. 

El Viaje

Fue el lunes 8 de febrero que las contracciones de preparación, las llamadas braxton hicks, comenzaron, sin dolor y muy esporádicas pero poniendo rígido el abdomen y posicionando al bebé. El camino estaba trazado y nos dimos cuenta cuando la panza comenzó a tener una forma especial. Ese día vinieron Regina y Renata a casa para la última consulta, la revisión que hicieron indicaba que todo seguía bien y que ya iba llegando el momento. León continuaba listo, en posición para su descenso, los signos vitales eran normales y no había señales ni síntomas de alarma.

El viernes anterior habíamos ido por la licencia de maternidad de Karina al ISSSTE, pues a pesar de que quería esperar más tiempo, si el bebé nacía antes de pedirla no tendría posibilidad de reclamar los 90 días de licencia, sino sólo 45. Era momento de informar en el trabajo que había llegado la hora de hacer válida la licencia, pues necesitábamos espacio y tiempo para concluir los arreglos en casa y vivir los últimos días de embarazo en paz y tranquilidad, lejos de presiones y de computadoras. 

Karina, desnuda frente al espejo veía sorprendida el pico máximo de su embarazo, por la mañana Rodrigo le había tomado unas fotos donde se imaginaba a sí mismo en un montaje en perspectiva, muy pequeño, ayudándola a cargar esa enorme barriga. 

La noche del viernes 12 de febrero Kari tuvo mucha hambre, cenamos en forma y ella pedía más y más, de segundo postre Karina quería un plátano, que ya no se comió pues pasaba de las 12:00 de la noche; León ya estaba dando aviso de su llegada. Sentados en la cama para dormir, de la nada, Kari empezó a llorar con sentimiento pero sin aparente razón, se estaba despidiendo de ser uno mismo con chiquitín. Rodri le dijo al oído que todo estaría bien.

Esa noche fue peculiar, con contracciones leves, hasta las 5:00 am. Cuando una más intensa llegó y los cólicos se hacían presentes, ella se levantó a hacer pipi, salió de un color naranja, tomó y se la envió a las parteras. Rodrigo se levantó a orinar también y lo hizo sobre el pipí de la ella, causándole enojo por su falta de atención al aviso. Por ahí de la 7:00 am, otra contracción y cólicos más fuertes ya no nos permitieron seguir durmiendo, así que nos levantamos. Un baño y alistarse para recibir a la madre de Karina, quien vendría a hacernos compañía. 

Ese día teníamos planeado que iría al Centro de Tlalpan a vender unos mezcales en el Tianguis Mezcalero, ¡ja!, eso ya no fue posible. Rodri preparaba el desayuno mientras Kari les describía a las parteras los síntomas que estaba teniendo. Apenas le di unas cucharadas a fruta y el estómago comenzó a limpiarse; el vómito y la diarrea se hicieron presentes. 

Mientras Rodri se daba un baño las contracciones se hacían más fuertes y cada vez más frecuentes, ella ya no logró levantarse del escusado, le pidió a él su mano y, mientras la apretaba fuertemente en cada contracción, le dijo que llamara a las parteras para que llegaran lo más pronto posible. Él había tomado los cursos y platicado con sus amigos: “Son 24 horas de trabajo de parto”, “Hemos estado hasta una semana con las mujeres que están en trabajo de parto”, confiaba en que apenas estarían empezando. Sin embargo, a partir de ahí todo se vino en cascada, mucho más rápido de lo imaginado, la manifestación de los signos fue reflexionada horas después de terminado el parto.

Una contracción de pujo se hizo presente junto con un gran gemido que venía desde el vientre, anunciado la pronta llegada de bebé. Karina le pidió a Rodri que extendiera el petate y armara una camita en el cuarto de León, pues sintió una necesidad inmediata de comenzar a gatear, ya sentía su cabecita a punto de salir. Sólo quería que ya llegaran las parteras, sentía que en cualquier momento León saldría. Rodri apenas se la creía, con tranquilidad y apaciguamiento enviaba mensajes de texto y de audio a las parteras.  Mientras sostenía la mano de Kari y les mandaba mensaje, escrito y de voz a las parteras, sentía la fuerza de la mano de ella, la energía de la vida que se manifestaba.    

Él extendió el petate en el cuarto con hamaca que habíamos dispuesto para el nacimiento de nuestro hijo, y al hacerlo pensaba en la esterilla que venía de Amojileca, Puebla, una comunidad nahua en donde celebran el día de muertos con ofrendas colocadas sobre petates como el que estaba poniendo en el cuarto para el alumbramiento del bebé: “No te asustes con el petate del muerto”- se dijo a sí mismo mientras disponía la cama improvisada en la habitación de León. Tomó la cámara y le hzoe un par de fotos, se veía hermosa, padeciendo el placer de estar próxima a parir.

La ayudó a ir del baño al cuarto, enseguida ella se puso sobre cuatro puntos y, agarrada de su mano, pasaba cada contracción junto con un alarido que le hacía sentír un gran alivio. 

La posición que meses antes había elegido para el alumbramiento, todas las abuelas se estaban manifestando y ella solo estaba haciendo un acompañamiento, activo, pero casi sin pensar, tratando de sentir; no pensaba en el dolor si no en el camino, quería ser camino y caminante y eso estábamos haciendo.

La primera en llegar fue Kay, no se sabe quién le abrió, si fue el gato Boox que se movía impaciente por toda la casa desordenada o fue alguno de nosotros; poco después llegó Regina. Ambas se dieron cuenta que el parto estaba muy próximo, mientras Rodrigo sobaba el sacro de Kari, Regi nos hizo una promesa a las personas ahí presentes: “cada contracción es una menos que falta para que llegue bebé”. En cada contracción Kay, Regina y yo acompañábamos el balanceo rítmico del cuerpo de Kari con sonidos guturales, un ommmm de meditación, un canto reverberante que llamaba a bebé a este lado del mundo, un grito amable que lo orientara para venir con nosotros.

El coro de los tres juntos sonaba de lo más bello y reconfortante; por último llegó Renata, ya estaban todas, el om nos daba fuerza. Una sed incontrolable se apoderaba de Karina y con una limonada de parto Rodri y Regi la calmaban. Kay le preguntó si quería sentir la cabecita de León que estaba ya ahí, a punto de salir, ella la sintió entre sus piernas, la sintió con su propia mano, lo que detonó una gran emoción inefable. 

Una especie de alegría infinita se apoderó del ambiente, no se supo tampoco quién le abrió a Renata, que venía cargando gran parte del equipo médico, junto con un banco de parto, una pelota en forma de cacahuate, un botiquín, un tanque de oxígeno y quién sabe cuántas cosas más. 

Kay le dijo a Rodri en secreto: ¿Quieres ver la cabecita?, él se asomó detrás de Kari  para ver que ya venía su hermoso chamaco. Renata observaba con atención, respetando el trabajo de sus colegas más jóvenes. En un momento tomó la cámara para hacer unas muy lindas fotos, unas en donde se vieran nuestros rostros luminosos y resplandecientes de alegría. Kay, de manera muy sutil, le preguntó al papá:” ¿Quieres recibirlo?” No recuerda ya si contestó, había estando besando a Kari, como si esos besos fuesen llamados de apertura, besos grandes con la boca abierta como si se fuesen a comer el uno al otro, esos que estremecen, que ayudan a que la oxitocina se eleve y todo sea más placentero.

Ella se sostuvo fuerte de la hamaca que tanto trabajo costó poner, un regalo especial de un querido amigo, Delfi, matemático aplicado y artesano mixe, elaborada con sus propias manos para León. Solo bastaron unos cuantos pujos más para que asomara por completo su cabeza, mientras su madre le hablaba y le decía: “¡sal chiquitín, ya sal!”. 

Ahí estaba él asomado, con la mano pegada a la cara. Rodri lo recibió, tal como queríamos, un pujo más y salió completo; enseguida se lo pasaron a su madre por en medio de las piernas, la emoción fue una risa, un beso, unas palabras dulces y entonces un abrazo y la hora dorada; León Kinich había nacido a las 11:44 de la mañana.

Así, rodeados de las manos cálidas y sensibles de Kay, del cariño y las palabras reconfortantes de Regi, de la observancia, el cuidado y el respeto de Renata, y del profundo amor, sostén y fuerza que nos tenemos, llegó nuestro adorado sol, nuestro León Kinich, con esa luz, fuerza y valentía que su nombre ya le daba. Fue tan rápido que no lo podíamos creer. Ni si quiera había llegado la mamá de Karti que venía en camino. 

 

TE VEO EN 8 MESES

Hace 8 meses recibí ésta imagen con la invitación de volver acompañar a esta pareja hermosa para su segundo bebé, hacía casi dos años que había estado con ellos para la llegada de Maia. Así que el tiempo voló, nos mantuvimos en contacto y el día de hoy Farah decidió llegar y de que manera………

Contracciones iban e venían sin ritmo, espaciadas y muy tolerables. Con ese inicio que indica que el cuerpo esta preparándose y su bebé acurrucándose en el vientre materno permitiendo ser apretado y acomodándose en ese espacio, la pelvis, que de manera sutil irá permitiendo el paso de su bebé.

Nos mantuvimos en contacto vía telefónica, escuchando a una mujer tranquila, sonriente y confiada. Esperando con paciencia a que su cuerpo diera señales de más avance.

3:20 PM último telefonazo, nos vemos en el hospital, esto se esta poniendo fuerte. Bajé a la ciudad como nunca, la carretera sin tráfico, Constituyentes con todos los semáforos en verde y desocupándose un lugar de estacionamiento casi en la puerta del hospital.

Me encuentro en la calle a su equipo médico, José Luis Larios y Natalia Tellez. Una silla de ruedas y una manta azul, las palabras tranquilas y con una sonrisa de José Luis, su ginecólogo, me comenta, nació en el coche y justo estaban llegando.

Con la adrenalina a todo se asoma una mamá fuerte abrazando a su bebé rosado, tranquilo en su pecho y cobijado por una toalla. El papá sin palabras tratando de ayudar a bajar a sus tesoros.

Nos instalamos en la sala de labor, expulsión y recuperación en donde la pediatra revisaba a la gorda en el pecho de su madre, por ningún motivo la separó de ella, esperando a que naciera la placenta y sin desgarro alguno.

No dejaban de platicarnos su experiencia, pensaron hacer una parada en Mc Donalds por una malteada de chocolate, mejor en otra ocasión…… Ella sentía perfecto como su bebé rotaba, descendía y esa fuerza de sacar a su bebé. Mi bebé esta aquí, le dijo a su marido, así que todavía al volante el volteó y vió la cabecita de su bebé. Alto total y medio se acomodaron. Mamá bañada con todas las hormonas que orquestan el parto y papá valiente con toda la adrenalina recibieron a su hermosa hija.

Un parto nunca se olvida y de esta manera se guarda el recuerdo y las vivencias en lo más profundo del alma. Gracias Paus y Farith por permitirme ser testigo de la perfección de la naturaleza, de su fortaleza y confianza. Bienvenida Farah, chiquita hermosa y decidida a marcar tu llegada a este mundo con tu sello personal.

Patricia

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De la mano del amor

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Por Mercedes Campiglia

Una niña mimada es lo que soy, no tengo queja. La vida me ha llenado de obsequios y caricias gratuitos e inmerecidos. Hoy me regaló otro parto hermoso y suave. A las 13:30 recibí la primera noticia de que el camino había iniciado, a las 14:15 ya salía saltando topes y baches, tras arrastrar a mi hijo fuera del taller que cursaba, para depositarlo a toda prisa en la puerta de casa, donde mi marido me esperaba para entregarme la maleta de parto. Contracciones muy seguidas e intensas. Recorrí las calles violando todos los límites de velocidad hasta llegar a su casa; no había música, los sonidos de pujo llenaban el aire. 15:39, ni bien la doctora terminó de colocarse los guantes y sacar un par de objetos de su bolso, ella dió los empujones finales, sentada en un banco de parto, y recibió a su pequeño niño en los brazos.

Ni hablar de inflar la tina; no hizo falta. El nacimiento transcurrió llevado por la mano del amor. Aferrada a su madre con la izquierda y a su marido con la derecha, ella se enfrentó a las olas que azotaban el arrecife de su cuerpo. Su padre, entretanto, fue abriendo la puerta a todos los que llegamos hasta que no quedó más que abrir el corazón.

No quería acercarse demasiado por temor a contaminar: "Estás limpio papá", le dijo amorosamente ella. Él dió entonces un paso al frente y lloró de amor, como un niño, en cuanto vio a su pequeño nieto en los brazos de esta hija que se le convertía en madre.

Después del parto, tendido en la cama junto a su mujer, el nuevo padre que contemplaba al niño prendido del pecho me dijo: "¿Podrías quitarte el cubrebocas un momento para conocer tu sonrisa?" Y así fue como nos vimos los rostros por primera vez después de haber viajado juntos al centro de la tierra. De cualquier forma estoy segura de que la sonrisa se me asomaba por los ojos porque no hay manera de amordazar la alegría que produce la llegada de la vida, que se dejaría ver aunque tuviéramos que usar burka para acompañar a los nacimientos.

La mejor de las terapias

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Por Mercedes Campiglia

Ella me buscó hace un par de semanas para pedirme una consulta terapéutica en la que trabajar el terrible miedo que le generaba lo que pronto sería el nacimiento de su segunda hija. Como tenía una cesárea previa su doctora le había advertido que, si bien podía intentar un parto en esta segunda ocasión, resultaba imprescindible extraer a la niña de su cuerpo mediante el uso de fórceps obstétricos.

"Lo que necesitas no es una consulta terapéutica para resolver tus temores, es natural que estés aterrada. Necesitas una consulta ginecológica con un profesional que esté un poco más actualizado", le dije tras escucharla. Ella fue valiente y, aunque no me conocía de nada, eligió confiar en mí palabra.

Armamos juntas un nuevo plan de parto: cambió de médica, de hospital, y decidimos reemplazar las consultas terapéuticas que tenía contempladas por un par de clases de preparación para el parto. Ayer por la tarde, después de varias hora de contracciones irregulares durante las que nuevamente decidió confiar y permanecer en casa, se acercó a que la revisara su nueva médica para descubrir que había avanzado más de lo que imaginaba. Dos horas solamente transcurrieron desde ese momento hasta aquel en el que, sujeta de un rebozo, abrazada de su compañero y sumergida en una tina, vio en un espejo colocado entre sus piernas, cómo su segunda hija salía de su cuerpo impulsada por una fuerza que creía no poseer.

Ciertamente no requirió de fórceps ni de ningún otro instrumento. No le hizo falta más que lo que requerimos todas, dar ese salto imposible al otro lado del miedo y empujar la vida. Él no dijo una palabra en ningún momento pero sus lágrimas lo dijeron todo. La nena abrió sus dos enormes ojos en la brumosa penumbra de una habitación silenciosa para descubrir, poco a poco, las formas de esta nueva dimensión de la existencia que la esperaba ya con un primer regalo, un pequeño dragón de plástico que el hijo de la ginecóloga le había enviado.

Nacimientos humanizados, nada se les compara!!! Toda la ternura, toda la fuerza; una maraña de humanidades entrelazadas. No existe en esta tierra poder más sanador que la pósima de oxitocina que se derrama en ellos. Al sumergirnos en sus aguas cicatrizan nuestras heridas, se regeneran nuestras células y respira aire fresco el alma.

La protagonista de esta historia es investigadora y estudia la oxitocina en comunidades de insectos; se lleva ahora en el cuerpo la experiencia viva de lo que esta fabulosa hormona es capaz de hacer también en nosotros, tan racionales y civilizados, pero igualmente expuestos al embrujo de su encanto.

En la espera

Guadalupe Trueba

El nacimiento de anoche fue exquisito. Lo esperaba desde hace poco más de 15 días ya que, si bien hubo una semana de contracciones que no se regularizaban, finalmente se arrancó a las 41.3 semanas de embarazo. Cuatro días antes, en consulta, su médico confirmó que todo seguía perfecto: bebé reactivo y feliz, líquido amniótico en suficiente cantidad, placenta funcionando al 100%… había que esperar unos días más.

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Ana José se sentía como reina esperando con tranquilidad y paciencia. La imagen que acompaña esta historia fue un regalo de su talento; tres días antes del parto, me comentó que se iría un rato a su estudio para dibujar.

Acompañar en este parto fue hermoso y me permitió sentir el contacto físico y humano que tanto ansiaba; eso es lo que me propongo narrar. Había conversado con el papá para advertirle que necesitaría su presencia en todo momento para ayudarme con el acercamiento físico y las medidas de confort que requieren el contacto (que parece prohibido en estos tiempos), pero en cuanto entré a su casa y la escuché gimiendo y la vi hincada en el piso, no pude resistir… olvidé “la sana distancia” y comencé a hacer lo que sé hacer. A la atenta escucha de ruidos y movimientos siguieron los mimos, masajes de cadera y muslos, el contacto visual, asirse a su mano cuando buscaba la mía y la “reboceada” que siempre funciona para relajar a la mujer y acomodar al bebé.

Abrazada de su esposo Emiliano que dividía su tiempo entre las tareas de llenar la tina de agua, atender a su hijo de 2 añitos que pedía los brazos de papi, responder al timbre de la puerta conforme llegaban los médicos y darle toda la atención y cariño necesarios, Ana se entregó a trabajar y descansar en su abrazo.

A mí me valió el COVID y dejé de pensar en la palabra “pandemia” por unas buenas horas. No solo le ofrecía a ella el toque suave y los masajes; también sentía que era un regalo para mí hacer contacto físico y proporcionar alivio. Una simple máscara cubrió mi nariz y boca y el resto fue la confianza de ellos en que mi cuerpo y mi alma estaban más que saludables.

El pujo fue un poco largo y al nacer la neonatologa notó que el cordón de Luca era muy corto además de estar enredado. Para no cortar el cordón y separar al bebé de su madre antes de tiempo pidió que sacáramos agua de la tina con cubetas, priorizando el contacto piel con piel y la no separación de mamá y recién nacido. Así que, entre una ginecóloga que acompañaba al médico, la abuela y yo, nos dispusimos a la tarea de bajar el nivel de la tina lo mas rápido posible.

Un detalle que me llenó de alegría fue el comentario de la ginecóloga que acompañaba a Christian, el médico responsable de este nacimiento: “Que emocionada me siento… es el primer parto en agua en el que estoy presente y además el primero en casa… así quisiera atender a todas las mujeres que elijan mis servicios”. La alegría que sentí fue inmensa al atestiguar que un médico mas se conmueve y se une a las filas del parto humanizado y respetado. Bienvenida doctora Fernanda.

Llegué a casa ya entrada la noche y no pude meterme a bañar para no despertar a mi marido. Así que me acosté con el cuerpo impregnado del olor inconfundible de los nacimientos en agua.

La flamante familia quedó en la propia acurrucados en la cama y con Luca a ratos succionando y a ratos durmiendo.

La vida nos pone donde debemos estar

Estamos felices y convencidos de que la vida nos pone donde debemos estar.

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Nuestro primer nacimiento fue una cesárea de emergencia en la semana 36 y nos dió grandes lecciones para saber fluir y cambiar situaciones que no están en nuestras manos, rescatando siempre lo mejor de cada situación.

Este nacimiento 17 meses después, fue un camino opuesto!. la vida nos regaló un nacimiento hermoso.

Un parto en agua que fluyó de manera mágica!!. Sin duda también con muchos aprendizajes.

Mi total admiración al cuerpo femenino por tanta perfección. Al poder innato de los bebés para nacer y al amor incondicional de nuestras parejas para saber contener y guiar este increíble proceso que es sólo el comienzo de una gran aventura.

Mis mejores deseos a todos! Gracias al equipo de Experiencia por ser parte de nuestra historia.

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El laberinto

Hace un par de semanas una mujer llamada Aline describió su parto como el proceso de recorrer un laberinto, eso me intrigó pero al mismo tiempo me mostró una forma interesante de ilustrar la experiencia que pronto yo iba a transitar.

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Así como ella lo hizo por mí, agradezco al equipo de Experiencia que me haya permitido dejarles mi testimonio a manera de despedida. La perla de la experiencia en gratitud y contribución a quienes están, estuvieron y estarán.

El martes 19 de marzo a las 3:15 de la madrugada nació Areli, puntualmente, cumpliendo lo que fue la semana 41…. Una semana donde tanto las preguntas bien intencionadas como la inquietud de la incertidumbre retuvieron, a ratos por quitarme la tranquilidad que logré conservar a toda costa respecto a que la naturaleza es sabia.

Cada día que pasaba sin contracciones o dolores empezaba a ser más estresante…

Comencé a anotar cada movimiento sólo por la paz mental… todavía vi el vides que compartieron con el título de “mamíferas” e investigué sobre el libro de “Las 7 funciones de los orgasmos” de Michel Odent porque una cosa me quedaba clara… la vida debe poder vivirse con placer en todas sus experiencias, incluido el dolor…¿cómo lograr esa mezcla?.

Encontré unos pocos artículos sobre la masturbación como método de aliviar el dolor en la fase expansiva y me sorprendió ver lo pocos que eran pero enmi mente seguía Mercedes y su frase: “es un reto en términos del manejo del dolor… todo se basa en ello…” En fin, en la espera todo listo y con doble check.

El lunes a las 3:30 fr las tarde un cólico, Lugo otro y luego otro . Ya no puede sentarme pero en mi mente seguía “eres primeriza, mentalízate para manejar el dolor pro 24 horas”.

A las 4:30 pensé: Bueno, pues sean 24 horas o 48, ó falsa alarma, que inicia la práctica…

Mamíferas, pensé… movimiento, pensé. Me subí a la bici fija y puse música. Nop. Muy doloroso.

5:00 pm tomé una conferencia de trabajo… qué hacen las mamíferas?, pensé… mis dos gatas: las gatas se van a un lugar privado y ahí paren, a oscuras…

Le pedí a Sergio entonces que pusiera cubrecamas, tapetes, el fular y todo a la mano en el baño y luego me quedé quieta…Pensaba en que las gatas no se mueven. Se quedan quietas y tranquilas…y empezó el dolor. Cólicos súper fuertes.

Luego pensaba en Mercedes: “son olas”. Olas. ¿Qué se hace con las olas?. La olas se surfean y pensé en el video de la vocalización. Agarré una almohada y al vocalizar, a buscar el laberinto. Me dieron las 11 de la noche.

Le haré al doctor. Paciencia -dijo- les falta mucho.

Agarré almohada, pelota, excusado y a dar ciclos… el dolor me marcará el camino donde no ir en el laberinto. Y los relatos de Mercedes: a gatas. En cuatro y re repente… ahí estaba el impulso de pujar que aliviaba.

El doctor dijo: sólo sentirás el impulso cuando hayas llegado.

Desperté a Sergio. Le pedí que me hiciera un tacto. Yo ya la siento saliendo, dije.

3:00 am. Si voy y no es tiempo me van a regresar. No, un poco más.

Mercedes dio: Cuando sientas que ya no puedes es porque ya pudiste.

Así Sergio recibió a nuestra bebé a las las 3:15 am sin ningún tipo de intervención y Pude!!

Llegamos al hospital con la niña en brazos y una historia increíble.

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El nacimiento de Luca

Mi primer parto fue complicado, pero hermoso. La vida me puso en el camino a las personas correctas, para prepararme, armarme con información y herramientas, y encontrarme confiada en el proceso del embarazo y la conquista de mi parto.

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El ambiente y acompañamiento, amorosos. Yo, entregada a la experiencia pero con el torrente sanguíneo al tope de adrenalina. Perseguida por el fantasma del recuerdo de un terremoto que se quedó cómodo en mis fibras. Estrés post traumático. La vibración de la ventana. El crujido de la duela de mi departamento. Las llaves colgadas en la puerta, siempre pendulando. El edificio de los vecinos, destrozado frente a mi ventana. Lista siempre para correr. Incómoda y temerosa con la desnudez que hasta antes del suceso disfrutaba.

Labor de parto. Compañía amorosa. Vino, sushi, velas. Risas entre contracciones. Velas, baño en pareja. Mimos. Ventanas, ruidos, ataque de pánico.

Contracciones que se intensifican y ganan ritmo. Después se pierden cuando me saluda el miedo desde la ventana. Regresan con las caricias. Se alejan cuando pasa un camión. Dos días de labor en casa y diez horas en el hospital. El cansancio me agobia y ya no siento el cuerpo. Solo quiero dormir. Entro al agua y duermo. El amor de la pareja me sujeta de la cara y literalmente no me deja hundirme. Entro a una zona oscura de miedo, dolor e incomodidad. Cansancio. Es tan difícil que es tentador entregarse a la muerte, que también está presente en la habitación. Decido entregar mi parto.

Que me inyecten, que me abran. Ya da igual. Se lo entrego a las personas correctas, que me abrazan y acompañan en las decisiones que quiera tomar. Que también me hablan con la verdad y con lo que debo esperar si decido cambiar de ruta. El Dr me rompe la fuente. Yo estoy acariciando la paz que me ofrece la muerte, duermo profundo entre contracciones, cuatro contracciones de tregua. El bebé empieza a bajar. Me ayudan a sentir su cabeza. Ya estoy ahí. Sin fuerza, sin instinto de pujo. Manos amorosas me rodean y ponen el cuerpo. Me ofrecen lianas para colgarme y pechos para patear. Manos amorosas me ofrecen energía de amaranto y agua de coco. Manos amorosas me sostienen y ponen el cuerpo conmigo. Un aliento amoroso y familiar me dice que todo va bien, que me ama y que está orgulloso de mí. Unas manos amorosas reciben a Leo. Unas manos amorosas lo llevan a mi regazo. Unas manos amorosas sostienen y cortan el cordón respetando los tiempos de la naturaleza. Unas manos amorosas nos limpian, nos calientan y nos curan.

Unas manos amorosas me devolvieron mi parto.

Dos años y medio después, llego al segundo, acompañada de estas manos conocidas. Con más confianza, fuerza y empoderamiento. Aliada del amor y también del miedo. Siete horas en total. Contracciones entre risas, comida, dibujo y baile con audífonos. El tono sube súbitamente. Un baño caliente y egoísta. Me muevo por toda la casa. El dolor y la incomodidad se apoderan de mí y la madre tierra me jala con su gravedad hacia ella. Solo en cuclillas encuentro consuelo. Grito, no me callo. Pido lo que necesito. Solo en cuclillas siento consuelo. Comienzan a llegar esas manos ya conocidas y amorosas. El cuerpo me pide pujar con fuerza. Las manos amorosas me acarician y me presionan con sabiduría. Pujo. Rompo fuente y la gravedad me llama con más fuerza. La madre tierra me pide hacer reverencias. Entro al agua con dudas. Siento que me rindo de nuevo. Veo de nuevo a la muerte, pero recuerdo que eso me hace estar más cerca. Manos amorosas me rodean. Pujo con todas mis fuerzas y al cabo de un rato, unas manos amorosas reciben a Luca. El dulzor de la vida nos abraza.

Los vecinos se habrán de acostumbrar

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Por Mercedes Campiglia

Él estaba convencido, antes de ser padre, de que quería que sus hijos nacieron en casa... ella no estaba tan segura. Pero su niña decidió llegar en medio de una pandemia que llenó de virus los hospitales.

Evaluaron diferentes opciones y finalmente eligieron desplazarse a la ciudad para acompañarse de un equipo de expertos en atención domiciliaria. Desempolvaron un antiguo y bello departamento en el corazón mismo de la CDMX y se instalaron en él cuando las contracciones arrancaron; poco a poco fuimos llegando el resto de los invitados a la fiesta.

Él estaba pendiente en todo momento de lo que se necesitara. Mientras ella balanceaba su pelvis sentada en una pelota, pasamos un rato charlando sumergidos en esa atmósfera de alegría y entusiasmo que suele ser antesala de los momentos que se han esperado con anhelo.

Pero pronto las contracciones se colocaron al centro y silenciaron las palabras, así que empezaron a hablar las manos... pomadas de hierbas, aceites esenciales, compresas calientes, rebozos... Una vigorosa caminata por un circuito trazado entre los pasillos de la casa permitió avanzar un importante tramo del camino que parecía ahora más corto de lo que habíamos imaginado cuando arrancamos. No quedaba claro si ella tenía prisa por llegar a alguna parte o estaba escapanfo de fantasmas que la acechaban pero sus pasos avanzaban determinados haciendo crujir la vieja duela bajo sus pies.

Mientras tanto su marido se dedicaba a la ardua tarea de llenar una tina de agua instalada en el dormitorio. Tuvo que conseguir piezas extrañas, construir parches entre mangueras que no ajustaban y acarrear monumentales ollas de agua hirviente desde la cocina. De tanto en tanto se acercaba a ella, le daba un beso y se aseguraba de que se sintiera amada.

Pero no nacería en el agua esta niña, a pesar del titánico esfuerzo de su padre para lograr que la tina alcanzara un nivel y una temperatura aceptables... Sobre el final se impuso la necesidad de cambiar de estrategia y sentada en un banco de parto, con el soporte de su marido en la espalda y el de todas las mujeres de su linaje que empujaban con ella desde las entrañas, arrastró a su hija desde el sótano de su ser hasta la vida.

Pujamos con ella todas, y me refiero a todas las que hemos parido antes... fue una experiencia poderosa de fuerza, de líquido amniótico estallando, de grito, de sangre. Todas volvimos a traer a nuestros hijos y sus placenta anoche hasta esta tierra, volvimos a poblarla de nuestros gruñidos y nuestros sudores. Parió la humanidad entera en este parto.

Y después del esfuerzo, el cansancio satisfecho de quien ha alcanzado la cima de la montaña. Ella en la cama, la niña en su pecho, el padre encargándose de resguardar la placenta y el resto de nosotras a su alrededor, tomado mezcal y levantando sin prisa el desorden que deja la fiesta mientras recapitulábamos sus mejores momentos.

El niño de la rosca

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Por Mercedes Campiglia

Estaba previsto que naciera el 1 de enero pero los días pasaban sin noticias y la presión de su mamá empezó a elevarse un poco. La homeopatía y un par de sesiones de acupuntura ayudaron a que su cuerpo terminará de decidirse y al caer la noche de un 6 de enero, habiendo sorteado el último de los rituales de la temporada navideña, el útero se puso en marcha.

Yo llegué a su casa por la madrugada. Ella estaba completamente enfocada, trabajando con sus sensaciones. Su marido preparó té y escuchamos el corazón del bebé latir con fuerza acompasando la música que habían elegido para recibirlo. Nos quedamos abrazados por la penumbra tibia de su departamento hasta que se dejaron sentir las ganas de pujar. Salimos entonces rumbo al hospital cuando la ciudad aun dormía. Su médica había estado en contacto todo el tiempo, cuidándolos desde la distancia, porque conocía y respetaba la decisión de esta pareja de recorrer la mayor parte del camino en casa.

Llegaron a la sala de partos un bebé cerca de nacer, una madre dueña de su proceso y un compañero que la siguió amorosamente sin cuestionamiento alguno, confiando en su capacidad para encargarse de la empresa de traer la vida al mundo. El bebé hizo el viaje completo resguardado por la burbuja que lo había arropado durante 9 meses y llegó a este puerto en una tina de agua tibia en la que lo esperaban los abrazos de sus padres. "Somos del agua" dijo ella cuando el niño hubo llegado a su pecho después de que la doctora liberara tres circulares de cordón y una manita que había decidido ponerse en la cara y ofrecían cierta resistencia al flujo orgánico de este cuerpo entregado al flujo del río de la vida.

Bellos nacimientos que se definen sin obstáculos porque se les permite madurar en casa; uno de los más importantes aprendizajes que ha traído para mí esta pandemia.

El cierre del año

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Por Mercedes Campiglia

Hace un par de años nos conocimos. Ellos esperaban a su primer hija entonces y un viaje se atravesó en el camino impidiendo que fuera nuestro destino acompañarnos en el turbulento camino de su llegada al mundo. Después de 12 horas en las que se intentó de todo, la cosa terminó definiéndose con un tajo en el vientre de su madre. Yo no lo viví pero escuché las cicatrices en su relato y el potente deseo de recorrer ahora un camino diferente.

Para la llegada de este segundo hijo planearon un parto en casa y las puertas se abrieron para que pudiéramos coincidir. Dos enormes perros custodiaban los movimientos alrededor de una tina de parto colocada entre jarrones de flores. Un rebozo de colores había sido sujetado de una escalera cercana para que ella pudiera anclarse con firmeza y empujar. Su hija veía Pepa Pig de a ratos y de a ratos se acercaba a mirar atenta los movimientos de su madre que trabajaba para abrirle paso a la vida cortando el miedo a machetazos. Él acarreaba agua caliente con una olla inimaginablemente grande que le permitió llenar la tina aun cuando el calentador decidió fallarle. Y a cada rato se acercaba, tomaba sus manos, apoyaba su frente en la de ella y dejaba caer unas lágrimas deslumbradas de belleza.

Poco más de tres horas bastaron para que viéramos salir a Matías como una explosión de vida entre las piernas de su madre; arrastrado hacia el mundo por la luz de la última luna llena del 2020, una de las más deslumbrantes que a mis ojos les ha tocado contemplar.

Su hermana vino a conocer al recién llegado y lo observó con cierto recelo desde la distancia. En una cama rodeada de almohadas y aun ligado a una placenta adornada de flores, el niño bebía la leche tibia de su madre. Una escena que bañaba de belleza la tierra como la luna lo hacía con el cielo.

Caminamos en esta vida por sendas a veces empinada y a veces tersas que nos permiten aprender y nos convierten en quienes somos. En esta ocasión la vida nos dió a probar la miel para atestiguar el potente efecto de la medicina de la dulzura en los corazones.

El embrujo

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Por Mercedes Campiglia

Confiando en mi palabra cambiaron de , de hospital, de pediatra... Abandonaron todo lo que conocían y se dejaron llevar por los susurros de una desconocida que endulzaba sus oídos con partos de miel al otro lado de una pantalla. No conocían a nadie en el país más que a un par de compatriotas que les aconsejaban elegir la ruta que yo les recomendaba abandonar; pero decidieron dejarse llevar por ese embrujo que les hablaba de la fuerza de la vida resonando en sus entrañas.

Se siente una responsabilidad enorme al instar a una familia a cambiar de ruta en un momento tan delicado como el del nacimiento de un hijo, pero he visto a tantas mujeres quedar atrapadas en lo que consideraban que era un camino y terminó revelándose como una jaula, que elegí insistir, y me alegro de haberlo hecho. "Eres una bruja científica, una mujer sabía, una maga. Me alegro de haberte encontrado, tuvimos el parto con el que soñábamos" me dijo ella cuando nos despedimos y llenó mis ojos de lágrimas.

Tuvieron un nacimiento bellísimo. Los dos en el agua recibieron a su nena en brazos y lloraron. Su médico, con una sonrisa transparente en los labios dijo después del nacimiento: "Nunca sé qué hacer cuando las mujeres me piden, cómo tú, que las ayude en el momento en que su bebé está naciendo". Y me pareció la más bella de las frases porque revela una mirada del nacimiento; no hay nada que hacer, cuando todo marcha, más que dejar el trabajo y el crédito en manos de las mujeres y sus hijos.

La pediatra, por su parte, se limitó a invitar a los padres a deslumbrarse con lo que estaba sucediendo: "¿Ya sentiste el cordón latir? ¿Ya viste el hermoso tono de su piel? ¿Quieres que te muestren tu placenta? Mira cómo se empuja con sus piernitas para alcanzar tu pecho. ¿Viste cómo cuando estás tranquila tu bebé se relaja y cuando algo te duele ella se queja? Siguen conectadas". Es fácil confiar en que junto a este tipo de médicos se recorrerán hermosos caminos; porque están enamorados de lo que hacen.

Llegué del parto corriendo a conectarme a una charla por Zoom con el personal de salud de varios hospitales públicos de Argentina y, aunque mi computadora decidió dejar de funcionar en el peor de los momentos y no logré siquiera abrir la presentación que tenía preparada, mis labios venían de beber miel. Así que opté por susurrar historias de amor al oído de mi audiencia, confiando en que su potente hechizo abra los caminos para que cada vez más mujeres tengan acceso a conmovedores nacimientos como el que yo acababa de presenciar.

El rayo de la Vida

Por Ana Maza

Ella solo sintió como el agua tibia le mojaba las piernas. La tomó completamente por sorpresa pero se alegró.

No sentía dolor ni nada de todo aquello que se imaginó que pasaría.

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Transcurrieron las horas esperando que algo cambiara; que algo así como un rayo fulminante le atravesara el cuerpo... pero nada.

A veces sentía algo de tensión en el vientre, o era la bebé que se movía?.

Otras veces la tensión parecía venir de la espalda baja. O sería que había dormido en una mala posición ? No había nada claro excepto el enorme deseo de que algo sucediera.

Y como a veces ocurre, comenzaron a rondar por su cabeza y su alma, la historias y los fantasmas de las amigas, la hermana, la madre a quienes les había pasado algo similar y todo había terminado de una forma que ella no deseaba.

Al día siguiente decidieron junto con su médico ayudarla a comenzar con el parto.

La revisaron a ella y a su bebé nuevamente y después de asegurarse de que las dos estaba bien, nos preparamos para lo que creímos que sería como el rayo fulminante que estaba esperando.

No pasó nada en realidad y siguieron pasando las horas en las que nos reímos, platicamos, comimos, bailaron, se relajaron, probamos un sinfín de posiciones y estrategias esperando que en algún momento ayudaran a que su bebé se apoyara con fuerza y determinación y provocara las tan ansiadas contracciones.

Una dosis más de medicamento y más horas que iban y venían y las contracciones se negaban a instalarse.

Fue hasta la tercera dosis que las contracciones se hicieron sentir con toda su fuerza.

Surgió en ella la energía poderosa que llega con las contracciones. Rugidos, balanceos, maldiciones, sonidos que salen desde lo más profundo resonaron en todo el cuarto mientras su pareja sin dejarla sola un solo instante, la alentaba, la acariciaba, la sostenía y soportaba los embates de la marejada. Como un barco resistiendo en la tormenta el ir venir de olas enormes y constantes que lo hacían mecerse peligrosamente.

Ella necesitó un descanso. Una pausa que le permitiera encontrar su centro nuevamente y que le diera un respiro después de tantas horas de trabajo intenso.

Pudo hasta dormirse un poco.

Solo hizo falta una hora para que todos nos quedáramos sin palabras al darnos cuenta que su bebé estaba por nacer. El rayo fulminante la atravesó. Así de potente, de poderoso, de rápido, de cegador, de atronador.

La vida se hizo presente así, contundente, fulminante, avasalladora y en unos instantes estaba su nena en sus brazos y su pareja llorando emocionado. Se quedaron los tres abrazados recuperando el aliento después de haber sido atravesados por el rayo de la vida.

Ana Maza

Oxitocina fresca

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Por Mercedes Campiglia

Cuando durante la cena comenté que pronto saldría hacia un parto, mi hijo mayor me dijo: "Qué bueno!!! Parto!!! Ya te había tocado un tiempo de sequía." Y, efectivamente, así me siento está mañana, como quien ha bebido un litro de agua de un trago después de haber experimentado la sed. Cuando hablamos por primera vez ella me examinó con cierta desconfianza; tenía un dudoso concepto de las doulas después de haber visto trabajar a la que acompañó a su hermana 13 años atrás. No es que hubiera hecho algo mal, sino que su energía "cósmica" simplemente hacia corto circuito con la de las mujeres de esta familia, menos dulcificadas y más arraigadas a la materia y la razón que a la alineación de chakras y las visualizaciones. Y, efectivamente, puesto que las doulas trabajamos con la materia prima de nuestra propia humanidad, no hay un acompañamiento estándar que acomode a todas, estamos desde lo que somos por lo que resulta vital que cada mujer elija a su Doula para que la acompañe a parir, cosa que no había ocurrido en su encuentro previo con nuestro diverso y caótico universo en el que conviven alegre y descaradamente las diferencias. Una vez que decidieron que querían mi acompañamiento, accediendo a la recomendación de su médico, prometí no distraerla cuando necesitara concentrarse para trabajar con el dolor y asegurarme de que estuviera cerca en todo momento su marido, pieza clave para que todo fluyera. Llegué a su casa en medio de la noche, las contracciones se atropellaban unas a las otras porque había prostaglandinas circulando por su torrente sanguíneo pero pasamos un par de horas trabajando con el rebozo y esperando las señales de que el proceso maduraba. Después de un baño largo con su esposo durante el cual su hermana y yo tomamos té con miel, decidió que quería ir al hospital. Una vez la revisaron al llegar, buenas noticias, estaba avanzada. Una vez más lo hicieron cuando empezó a pujar un par de horas más tarde, buenas noticias también, su dilatación estaba completa. Y eso fue todo... Nadie hizo ninguna otra cosa, del resto se encargó ella negociando con su hija y con su cuerpo. Era evidente que todo marchaba perfectamente, no hacía falta más que verla y oirla para saber que habia progreso. Sus dos médicos, Jose Larios y Alan Arvizu, se instalaron discretamente en el baño para escuchar sin interferir. No hubo indicaciones ni exploraciones de ningún tipo. Solo ella sujetada de un lazo que prendía del techo y su marido acariciándola y diciéndole justo lo que necesitaba escuchar. La miel del amor, incapaz de empalagar a nadie, fue el único edulcorante. Cuando dijo "está saliendo" los médicos se acercaron a poner sus manos para recibir la cabecita que ya estaba fuera y el cuerpo que habría de nacer con el siguiente pujo. La bebé estuvo un largo rato en el agua con sus padres. Poco a poco abrió sus ojos y la mano buscó uno de los dedos de su madre para prenderse firmemente a él. Un hermosísimo nacimiento que deja las células de mi cuerpo rehidratadas de oxitocina fresca. Los nacimientos humanizada han funcionado para mí como un auténtico bálsamo en estos tiempos de pandemia. Gracias en verdad a todos aquellos que los hacen posibles!!!